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La ONCE conciencia a centenares de jóvenes de las complicaciones y necesidades del colectivo de personas invidentes en unas intensivas jornadas de puertas abiertas en su sede de la Calle Reino Unido
Posted on by tomas
La ONCE conciencia a centenares de jóvenes de las complicaciones y necesidades del colectivo de personas invidentes en unas intensivas jornadas de puertas abiertas en su sede de la Calle Reino Unido
Decenas de niños de Palomeque se acercaron ayer hasta la capital para conocer la sede de la ONCE, situada en la Calle de Reino Unido. Aunque todos ellos sabían para qué estaban allí, una de sus monitoras se lo explicaba en la puerta; «hoy conoceremos cómo es la vida de una persona con ceguera». Ellos, que apenas podían contenerse los suspiros de agobio de pensar cómo sería su vida sin poder ver, entraban encantados «y con ganas de aprender cosas nuevas» a la actividad.
Un vídeo sobre la importante labor de los perros guías, y su proceso de adiestramientos, era el entrante de la actividad. Los pequeños, acompañados por los concejales de Bienestar Social, Javier Mateo, y Accesibilidad, María Teresa Puig, escuchaban el vídeo y conocían a un animal que, desde ese momento, pasaba a ser mucho más que una compañía: una herramienta.
El plato principal llegaba con una muestra de objetos que a los pequeños les resultaban «algo raros». «En la exposición los chicos pueden conocer tecnología adaptada para personas con ceguera completa (jawslector)o parcial (zoomtext). Además, verán móviles y Ipad reconfigurados, así como las diferentes rotulaciones de productos del día a día», explicaba una de las coordinadoras de la actividad. Y es que, con jornadas de puertas abiertas como éstas, laONCE intenta hacer visible al ciudadano necesidades básicas como que los productos de un supermercado estén etiquetados en braille para las personas con discapacidad. Entre estos objetos adaptados los que más llamaban la atención de los pequeños eran los medidores de agua, que indican al invidente cuándo está el vaso lleno, y los colorímetros, que señalan de qué color es la prenda de ropa para que el usuario conjunte su vestimenta antes de salir de casa.
Como la visita estaba centrada a los escolares y es en ellos en quién se forja la conciencia social del futuro, la organización quiso acercar además su material escolar adaptado. Entre los utensilios, los jóvenes pudieron disfrutar cada uno de su alfabeto braille para aprender algunas indicaciones básicas del lenguaje y ver las anteriormente usadas regletas (que con un punzón servían para que las personas con ceguera pudieran escribir y tomar apuntes rápidos). Mapas con relieves diferentes para los ríos y montes y juegos de mesa, como el ajedrez con fichas fijadas, eran algunos de los materiales que palparon los escolares.
El postre de la gran visita, que duró algo más de una hora, culminó con un circuito en el que, con los ojos vendados y un bastón blanco, los jóvenes hicieron un recorrido para conocer los problemas de las personas invidentes. Una moto mal aparcada, un bordillo, un toldo demasiado bajo o un objeto que impide el paso fueron algunos de los ‘obstáculos’ que tuvieron que sortear. «Con este tipo de actividades ellos ven los problemas que puede causar dejar, por ejemplo, una moto mal aparcada. Son cosas que tal vez cuando disfrutas de todos los sentidos no das importancia, pero cuando te falta uno se vuelven muy importantes», concluyeron. Al terminar la visita, y con los cinco sentidos completamente alerta, los chicos de Palomeque se despedían de la sede de la ONCE sabiendo que, en una sociedad plural, hay que mirar por el bien de todos.
