Una bonita historia de amistad entre un niño autista y su perro
Una bonita historia de amistad entre un niño autista y su perro
Gracias a Mahe, la vida de James ha cambiado por completo
Redacción / Madrid- 22/02/2016
Las imágenes han dado la vuelta por los medios de comunicación de todo el mundo. Mahe cuida de James para tranquilizarle, para que no se sienta solo. La madre de James, Michelle, ha explicado que la relación entre ambos es muy fuerte y que durante sus pruebas médicas, Mahe se acercaba al pequeño para acariciarle la cara.
James no puede hablar y rechaza todo tipo de contacto -incluso el visual-, con sus familiares más cercanos, sin embargo no se separa de su perro Mahe. «Para Mahe, James es el mejor compañero, hace todo por él», asegura Michelle.
Mahe es tan importante para James que los médicos del Hospital Infantil de Wellington (Nueva Zelanda) permitieron que el perro acompañara al niño durante una resonancia magnética para diagnosticar la causa de sus convulsiones.
A medida que James se iba quedando dormido por el efecto de la anestesia, Mahe se acercaba a su dueño para acariciar su cara. «Miraba a James y parecía muy preocupado» explica la madre del niño, quien añade que mientras esperaban a que la prueba finalizara, Mahe se sentó a su lado para calmarla, al igual que hizo con el pequeño.
Desde que Mahe entró en la vida de esta familia, la situación ha mejorado para todos. Michelle explica que salir a la calle con James se podía convertir en una auténtica pesadilla porque se escapaba y se perdía si se encontraba en una situación poco familiar o en un entorno estimulante. «Ni si quiera podíamos ir a una cafetería. James se ponía muy nervioso y se quería ir. Pero cuando acogimos a Mahe, James podía permanecer sentado hasta que hubieramos acabado».
Mahe no sólo se encarga de calmar a James, sino que también lo mantiene a salvo. Cuando salen de casa, el niño está unido a la correa de Mahe, por lo que si empieza a correr hacia una calle concurrida, el perro se sienta y no se mueve.
El perro recibió un entrenamiento durante seis meses para ayudar a personas con autismo e incluso si los ataques que James sufre persistieran, Mahe puede ser entrenado para alertar a los familiares de que le está ocurriendo algo.
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